Letur, Albacete: el tesoro andalusí de la Sierra del Segura
Entre barrancos de roca caliza, fértiles valles y el murmullo constante del agua, se alza uno de los pueblos más cautivadores de Castilla-La Mancha. Letur, en la comarca de la Sierra del Segura, no es solo un hermoso rincón del sur de Albacete: es un viaje en el tiempo, un testimonio vivo del pasado andalusí y una joya patrimonial donde la piedra, el agua y la historia se entrelazan como si fuesen una sola cosa.

Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1983, Letur conserva el trazado medieval mejor preservado de toda la provincia. Sus calles empedradas y tortuosas, sus casas blancas colgadas sobre cascadas tobáceas y sus portalicos mudéjares conforman un escenario que parece sacado de otro siglo. Es un lugar que se descubre caminando despacio, dejándose guiar por los sonidos del agua, por los aromas de la huerta y por la serenidad que transmite cada rincón.

Un enclave único entre agua y piedra
Letur se sitúa en un entorno privilegiado, a más de 700 metros de altitud, encaramado sobre un cerro que domina los valles del sur albaceteño. Su emplazamiento estratégico explica que haya estado habitado desde tiempos remotos: el territorio conserva manifestaciones de arte rupestre levantino —declaradas Patrimonio de la Humanidad— y restos de asentamientos íberos en lugares como La Muela, El Macalón o Los Castillicos.

Sin embargo, el alma del pueblo se forjó durante el periodo andalusí, cuando su estructura urbana adoptó el característico trazado islámico de calles estrechas, cuestas, adarves y pequeños patios interiores. De aquella época nacen también los sistemas de acequias y balsas de riego que todavía hoy acompañan el rumor del agua por todo el casco histórico.

Desde el mirador de La Molatica, uno de los balcones naturales más famosos de la comarca, se aprecia perfectamente esta singular geografía: Letur parece suspendido sobre una enorme cascada viva que crece milímetro a milímetro gracias al depósito de calizas del agua. Esta formación tobácea, única en Castilla-La Mancha, da forma a las espectaculares casas colgantes del casco viejo, sostenidas sobre roca fosilizada y musgo petrificado. Esta formación geológica, aún activa, es la que soporta las casas que se asoman con audacia al barranco, desafiando a la gravedad.

La abundancia de agua es, por lo tanto, el hilo conductor de la historia de Letur. Descrito en las Relaciones Topográficas de Felipe II como un «pueblo fresco y deleitable, alegre y de mucha agua y frescura», su ecosistema hídrico no solo facilita la vida, sino que la define, creando ese paraíso para los amantes de la naturaleza y el turismo rural. Este entorno, que vio pasar a iberos, romanos, árabes y cristianos, ha sido modelado de forma irrefutable por la cultura que mejor supo entender el valor estratégico y productivo del agua.

El Laberinto Andalusí: El Conjunto Histórico-Artístico
El corazón de Letur, su casco viejo, es un tesoro inestimable de la arquitectura andalusí en Castilla-La Mancha. La excelente conservación de su trazado medieval de origen musulmán le valió la declaración de Conjunto Histórico-Artístico en 1983, un reconocimiento que subraya la pureza de su herencia.

Caminar por Letur es rendirse a un laberinto de calles tortuosas, estrechas, y endiabladamente encantadoras. El diseño urbano no es caprichoso; responde a la tradición árabe, con sus adarves (callejones sin salida) y cuestas empinadas que se arremolinan en torno a la plaza, la parte más alta y, en su día, la sede del poder militar. Esta fisonomía, de gran valor defensivo, fue adoptada y habitada por los repobladores cristianos tras la Reconquista, pero la esencia musulmana se mantuvo inalterada.

Arcos, Portalicos y la Arquitectura del Tapial
El paseo por Letur es una búsqueda constante de sus emblemáticos arcos y portalicos. Estos elementos arquitectónicos son la manifestación más visible del pasado islámico y de la vida comunal. La arquitectura es predominantemente de tapial, una técnica basada en tierra, agua, cal, junto con piedra, madera y caña, que crea grandes muros blancos, escasos de decoración, pero robustos y adaptados al clima.

- Calle Albayacín: Esta vía es considerada el mejor ejemplo de la arquitectura islámica. Es un callejón sin salida que presenta un trazado irregular y alberga los famosos cinco portalicos o portales vecinales. Estos portales, formados por un arco de medio punto o dintel de cantería, servían como zaguanes o distribuidores semi-interiores, colectores a varias viviendas que compartían el espacio. Representan un modelo de sociabilidad y aprovechamiento espacial típicamente morisco.
- Arco de Las Moreras: Es uno de los hitos más significativos, un híbrido entre monumento natural y fortificación, al ser un arco de roca que servía de apoyo a la antigua muralla, dando acceso al recinto amurallado. Su ubicación es estratégica, justo al lado del Charco de Los Canales.
- Puerta del Sol: Antiguo acceso al recinto amurallado, orientado al mediodía. Este paso abovedado, con sus dos arcos, simboliza la historia de resistencia local, habiendo sido testigo del paso de los soldados franceses durante la Guerra de Independencia, a quienes los letureños plantaron cara heroicamente.
- Arco de San Antonio: Ubicado en la calle de las Ánimas, en la parte trasera de la iglesia, es un contrafuerte que se transforma en arco al apoyarse sobre roca viva, creando una de las estampas más coquetas y fotogénicas del pueblo.
- El Arco Mudéjar de la Calle Portalicos: Un arco de medio punto de ladrillos de barro cocido, de posible origen anterior a la propia iglesia (anterior al siglo XVI), descubierto en los años 80 y que sugiere la existencia de muchos más por desvelar.

El trazado está además embellecido por la rejería característica de herreros autóctonos y las puertas de madera peculiares, indicadores de una importante artesanía local. Este conjunto, que es completamente peatonal en su casco antiguo, requiere ser paseado «tranquilamente y disfrutado», como sugieren las guías, para desentrañar su laberinto.

Monumentos: Gótico Tardío, Plateresco y la Ausencia del Castillo
A pesar de su profunda herencia andalusí, el centro de Letur está presidido por una serie de monumentos de la época cristiana, muchos de ellos de origen renacentista o gótico tardío, que atestiguan el crecimiento y la prosperidad de la villa tras la Reconquista, particularmente en el siglo XVI.
Iglesia de Santa María de la Asunción
El monumento más emblemático del municipio. Construida entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, combina el gótico tardío con una portada plateresca de gran elegancia. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1982 y preside la Plaza Mayor, el corazón del pueblo. Desde la parte trasera, en la calle de las Ánimas, se puede observar cómo el templo se asienta sobre la roca viva, creando una de las imágenes más fotografiadas de Letur.


Casa Consistorial
Justo frente a la iglesia se encuentra el Ayuntamiento, una joya renacentista del siglo XVI. Destaca su amplia balconada de piedra y una curiosa inscripción grabada en su fachada: “Viva el Rey Amadeo I y la Constitución”, en alusión al efímero monarca Amadeo de Saboya, uno de los pocos homenajes que conserva en España.

Ermitas y templos
El conjunto monumental se complementa con varias ermitas que muestran la pervivencia de estilos y tradiciones:
- Ermita de San Bartolomé: Construcción popular del siglo XVII, situada en la pedanía de La Abejuela.
- Ermita de San Sebastián: Solo se conserva su portada renacentista del siglo XVI, ubicada en la calle del mismo nombre, justo antes de descender al casco viejo.
- Ermita del Alto (o de la Concepción): Ubicada en la parte baja, muestra una portada renacentista similar a la de la iglesia, enmarcada por una escalinata empinada descubierta recientemente, con la inscripción «Año 1625». Su tradición es a menudo vinculada al mudéjar, al igual que la portada de San Sebastián.

Mirador de La Molatica
Imprescindible. Desde este punto se domina toda la huerta y el cauce del arroyo, que serpentea entre la vegetación antes de perderse en el cañón del Segura. Al atardecer, las luces del pueblo se reflejan sobre las cascadas tobáceas y crean una estampa difícil de olvidar.

La Trágica Pérdida del Castillo de Letur
La historia de las fortificaciones de Letur está marcada por la ausencia. El Castillo de Letur, construido en el siglo XII durante la dominación árabe, se encontraba en la actual plaza mayor. Fue un punto de gran importancia estratégica en esta zona fronteriza entre los reinos cristianos y musulmanes, pasando a depender de la Orden de Santiago en 1242, que fue responsable de la repoblación cristiana en 1454. La fortaleza, que contó con cuatro torres, almenas y un balcón corrido, se cerraba con un recinto amurallado, cuyo acceso se hacía por una rampa. En su interior, un depósito de agua recogía la corriente del Arco de las Moreras para distribuirla a la población.

Tristemente, y a pesar de estar bajo protección legal (Decreto de 1949 y Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español), la mayor parte de los restos del castillo fueron arrasados a mediados del siglo XX para levantar edificios de viviendas. Hoy, solo quedan restos testimoniales y el recuerdo de su existencia. El solar que ocupó la fortaleza alberga ahora un antiguo teatro-cine, convertido en la actualidad en el Museo Etnológico.
El agua, protagonista del paisaje
El título de Letur como «el pueblo del agua» en la Sierra del Segura es más que un eslogan turístico; es una realidad vital que se manifiesta en cada rincón, donde el murmullo de fuentes y acequias es una constante.
Acequias, Hormas y Miradores
El legado musulmán se extiende más allá del trazado urbano; se integra en el sistema de regadío y la ordenación del paisaje agrícola. El término municipal está cuajado de acequias, balsas de riego y hormas (muros de piedra para terrazas agrícolas) que demuestran una sofisticación ancestral en la gestión del recurso hídrico. El arroyo de Letur, que discurre por la huerta, recoge casi todas las aguas que nacen en el municipio.

Desde el Mirador de La Molatica (y también el mirador de la Artezuela), se domina toda esta huerta, un paisaje donde se fusionan el trazado urbano y los huertos con sus hormas, constituyendo una joya paisajística de valor histórico incalculable.

Piscinas y Saltos Naturales
El arroyo de Letur, afluente del río Segura, regala a la villa una serie de parajes naturales de inmensa belleza, ideales para el senderismo y el baño:
- Cascada de Letur (o de Pradillos): Un famoso salto de agua, que sorprende por su origen. Aunque parece natural, es una formación tobácea de origen artificial, creada por el salto de agua de una antigua presa de captación para la central eléctrica de Los Pradillos. La ruta hasta esta cascada, de unos cuatro kilómetros desde el casco viejo, ofrece vistas excepcionales y cuevas fresquísimas.

- Charco de Las Canales: Considerada la piscina natural más famosa de la Sierra del Segura y, para muchos, el lugar más imprescindible. Su ubicación, dentro del casco histórico, era un lujo antes de que la riada DANA la cerrara temporalmente.

- Charco Pataco: Un verdadero oasis de vegetación, es un nacimiento de agua en el paraje de Los Cantalares que forma otra piscina natural perfecta para refrescarse.


Patrimonio natural y senderismo
Letur no solo es patrimonio arquitectónico; también es un paraíso natural para los amantes del senderismo y el turismo rural. Desde el pueblo parten varios caminos señalizados que permiten adentrarse en el corazón de la Sierra del Segura.

El Camino del Regalí conduce hasta el impresionante Cañón del Segura, un itinerario corto pero espectacular que discurre entre pinares, huertos y cortijos abandonados. Otros senderos comunican con las pedanías de La Abejuela, Fuente de Sabina o La Dehesa de Iznar, pequeñas aldeas rodeadas de montes y campos de cultivo.
El paisaje combina bosques de pino carrasco, olivares y cultivos de almendros con una fauna abundante. No es raro ver jabalíes, zorros o águilas sobrevolando los cortados del valle.

Letur Vivo: Resiliencia, Cultura y el Festival LeturAlma
Letur no vive anclado únicamente en su pasado. En los últimos años, ha consolidado su vocación turística, ofreciendo una amplia oferta de servicios de hostelería que, en épocas de afluencia, reviven el pulso del pueblo.
Arte Rupestre y la Memoria Antigua
Antes de la era moderna, la villa ya era un epicentro cultural. El ya mencionado Arte Rupestre Levantino que adorna los abrigos de su término municipal, con muestras que van desde el arte figurativo al esquemático del Neolítico, es un tesoro antropológico que conecta a Letur con los albores de la civilización humana. Este arte, junto a los yacimientos ibéricos del Macalón o La Muela, subraya la continuidad del asentamiento humano en este enclave estratégico.

LeturAlma: Música y Compromiso
El pueblo ha cobrado gran notoriedad a nivel nacional gracias al festival LeturAlma. Promovido por la cantautora Rozalén, originaria del pueblo, este evento anual va más allá de las actuaciones musicales, incluyendo exposiciones, talleres y mercadillos. Se ha convertido en un referente provincial en la oferta de eventos culturales y festivos, atrayendo un flujo de visitantes que dinamiza la vida local.

La Resiliencia Ante la DANA
La reciente historia de Letur incluye un capítulo de tenaz resistencia. La riada provocada por la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) causó graves estragos, afectando la zona de acceso al casco monumental y, notablemente, a su famosa colección de pozas, como el Charco de Las Canales, que tuvo que ser temporalmente vallado.

No obstante, esta calamidad ha revelado la resiliencia de los letureños. A pesar de las brechas y los trabajos de reparación, la mayoría del casco antiguo —sus arcos, portalicos y entramado endiablado— permaneció intacto. La respuesta de la comunidad y del sector turístico, con negocios como el restaurante ‘El Castillo de Letur’ abriendo incluso en momentos de dificultad, ha sido un símbolo de que el pueblo no se rinde. El esfuerzo por recuperar los caminos, como el de la Cascada de Letur, y la reapertura de locales como el ‘Aloha’ en el mirador de la Molatica, envían un mensaje claro: Letur sigue en pie de guerra, y no quiere ser olvidado.

Consejos para visitar Letur
- Letur es un pueblo completamente peatonal en su parte antigua, por lo que se recomienda aparcar en la Avenida de la Guardia Civil, en la Plaza de las Moreras o en la zona del mirador de La Molatica, siempre respetando la señalización.
- El recorrido ideal comienza en el Arco de las Moreras, continúa por la Calle Albayacín, la Cuesta de los Molinos y la Puerta del Sol, para luego llegar a la Plaza Mayor y la Iglesia de la Asunción. Desde allí, lo mejor es perderse por las callejuelas hasta alcanzar el mirador de La Molatica, desde donde se obtienen las mejores vistas del pueblo y de su entorno.
- Todas las épocas del año son adecuadas para visitar Letur, aunque la primavera es especialmente recomendable: los jardines y balcones se llenan de flores, el agua corre con fuerza por las acequias y el campo luce en todo su esplendor.
- Durante la Semana Santa y las Fiestas Patronales de agosto, el pueblo se llena de ambiente y tradición. En verano, el festival LeturAlma ofrece una experiencia única que combina música, cultura y solidaridad en un entorno incomparable.

Complementa tu ruta en Albacete
Si vas a visitar Albacete, no dudes en perderte en otros destinos que tenemos en el mapa:
- Bogarra: Pueblo para bucar desconexión, autenticidad y belleza natural en su estado más puro.
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- Chinchilla de Montearagón: villa, declarada Conjunto Histórico Artístico, que fue capital antes que Albacete.
- Nerpio: Joya escondida que sorprende por su patrimonio arqueológico y su riqueza natural.
Letur, un tesoro por redescubrir
Letur es mucho más que un pueblo de la Sierra del Segura; es una sinfonía de piedra, cal y agua. Es uno de los pueblos más bellos de España porque encarna la rara cualidad de haber conservado, casi intacta, la fisonomía de un pasado andalusí que se negaba a desaparecer tras la Reconquista. Es un conjunto histórico donde la arquitectura mudéjar se funde con el gótico y el renacimiento cristiano, todo ello bajo el dominio ineludible de la roca tobácea sobre la que está asentado.

Desde el silencio del Charco Pataco, pasando por el misterio de los portalicos de la calle Albayacín, hasta la solemnidad gótica de su iglesia y el eco festivo de LeturAlma, la villa ofrece un paseo que es, a la vez, una lección de historia, geología y cultura. La convivencia armónica del agua, la naturaleza y el trazado urbano invita al visitante a perderse en su laberinto peatonal, a descubrir cada arco, cuesta y adarve, y a disfrutar de un legado que se ha mantenido vivo durante milenios.

La villa se erige, en definitiva, como un testimonio de que la auténtica belleza reside en la fusión perfecta entre la mano del hombre y el capricho de la naturaleza.

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