S’Agaró, Girona: elegancia mediterránea entre Sant Feliu de Guíxols y Platja d’Aro
Entre los acantilados y calas más bellas de la Costa Brava, S’Agaró se erige como uno de los enclaves más exclusivos y fotogénicos del litoral catalán. A medio camino entre Sant Feliu de Guíxols y Platja d’Aro, este pequeño núcleo costero de Girona combina el encanto natural del Mediterráneo con la elegancia de su arquitectura novecentista, el sosiego de sus paseos junto al mar y la atmósfera refinada que le ha acompañado desde su creación a inicios del siglo XX. S’Agaró es, en esencia, una ciudad-jardín catalana, un experimento urbanístico y arquitectónico que, cien años después de su concepción, mantiene intacta la promesa de sus visionarios fundadores.


Un pueblo nacido del sueño de la belleza mediterránea
A diferencia de otros pueblos de la Costa Brava que crecieron alrededor de antiguas villas de pescadores, S’Agaró fue una creación planificada desde sus orígenes. Su historia comienza en 1920, cuando el industrial Josep Ensesa i Pujadas, propietario de los terrenos situados entre la Platja de Sant Pol y la Platja de Sa Conca, encargó al arquitecto Rafael Masó —uno de los grandes exponentes del noucentisme catalán— el diseño de un conjunto residencial que armonizara con el entorno natural.

El resultado fue una urbanización única en su tiempo, donde la arquitectura mediterránea se mezclaba con la elegancia clásica y una visión paisajística respetuosa. Masó concibió S’Agaró como un espacio de equilibrio entre naturaleza, arte y bienestar, con casas de piedra, tejados de teja árabe, pórticos, jardines y miradores al mar. Así nació una de las primeras urbanizaciones de lujo del Mediterráneo, que con el tiempo se convertiría en un símbolo del estilo de vida más refinado de la Costa Brava.

Durante las décadas siguientes, S’Agaró atrajo a intelectuales, artistas y aristócratas, y su nombre quedó asociado a la elegancia y al descanso selecto. Incluso durante la posguerra, el lugar mantuvo su halo exclusivo, conservando intacta su armonía arquitectónica y su entorno natural.

Historia viva y arquitectura noucentista
Más allá de su belleza natural, S’Agaró destaca por su coherencia arquitectónica. Las construcciones originales, diseñadas entre los años 20 y 40, fueron cuidadosamente integradas en el paisaje y se mantuvieron bajo estrictas normas estéticas: nada podía alterar la armonía visual ni la relación con la naturaleza.

El noucentisme, movimiento artístico y arquitectónico que buscaba la serenidad y el orden clásico frente al modernismo, se materializó aquí en formas suaves, patios interiores, arcos y proporciones equilibradas. Gracias a ello, S’Agaró se convirtió en una referencia del urbanismo paisajístico europeo de principios del siglo XX.

El conjunto residencial original, que incluye villas como Domus Nostrum, Faixat o Gorina, junto con los equipamientos comunes, fue declarado Conjunto Histórico Protegido y Bien Cultural de Interés Nacional en 1995/1996, un testimonio de la excepcionalidad de su conservación. A diferencia de otras zonas de la costa, donde la «anarquía burguesa» y el desarrollismo destruyeron el paisaje, S’Agaró ha mantenido una unidad de estilo casi centenaria.

Qué ver en S’Agaró: un paseo por la calma mediterránea
1. El Camino de Ronda de S’Agaró
La armonía entre arquitectura y naturaleza se ejemplifica en la joya pública de la urbanización: el Camino de Ronda (Camí de Ronda). Este tramo, de unos dos kilómetros de longitud y que lleva el nombre de Josep Ensesa i Gubert en honor al visionario, es considerado uno de los senderos costeros más bellos de toda la Costa Brava.

El Camino de Ronda une las playas de Sant Pol y Sa Conca (de las que hablaremos a continuación). El recorrido, acondicionado por el arquitecto Francesc Folguera, no es un simple sendero: está engalanado con elementos arquitectónicos noucentistas que lo integran en el conjunto. Destacan los pórticos, las escalinatas talladas en los acantilados y un pintoresco mirador con forma de templete, todos ellos diseñados para enmarcar las vistas del horizonte mediterráneo, creando una experiencia estética completa para el caminante.

Junto a estas dos grandes playas, el litoral de S’Agaró incluye las pequeñas y tranquilas calas de Pedrosa y Vaques, donde la arena gruesa y las aguas cristalinas se encuentran resguardadas por pinos. Incluso en la Cala Pedrosa se localiza un sorprendente menhir fechado entre los siglos IV y III a.C., un recordatorio de que la intervención humana en este rincón del Mediterráneo es milenaria.


Muy cerca, se extienden los bosques de pinos y encinas que rodean la carretera hacia Romanyà de la Selva, una zona ideal para rutas en bicicleta o a pie. También se puede acceder fácilmente a Sant Feliu de Guíxols, con su monasterio benedictino y su puerto deportivo, o a Platja d’Aro, con su amplia oferta de ocio, tiendas y restaurantes.

2. La Platja de Sant Pol
Al norte del núcleo se abre la Platja de Sant Pol, una amplia bahía de aguas transparentes y arena dorada, compartida con Sant Feliu de Guíxols. Es una de las playas más familiares y agradables del litoral gerundense, con servicios, chiringuitos y un agradable paseo marítimo.

Aquí se pueden ver aún los baños de madera de principios del siglo XX, pequeñas casetas de colores que evocan la historia veraniega de la zona. El contraste entre el entorno natural y la vida tranquila de la playa convierte a Sant Pol en uno de los rincones más queridos tanto por los locales como por los visitantes.

3. La Platja de Sa Conca
En el extremo sur se encuentra la Platja de Sa Conca, otro de los paraísos de S’Agaró. Más salvaje y rodeada de pinos, esta cala se caracteriza por su forma de concha, sus aguas cristalinas y su ambiente más tranquilo. Desde su extremo norte parte el camino de ronda hacia Platja d’Aro, ideal para quienes disfrutan del senderismo costero.

En su entorno se levantan algunas de las villas más exclusivas de la Costa Brava, muchas de ellas inspiradas en el estilo mediterráneo original de Masó. Es una playa perfecta para disfrutar del mar sin masificaciones, especialmente fuera de los meses de julio y agosto.

4. La urbanización original de S’Agaró Vell
El núcleo histórico, conocido como S’Agaró Vell, sigue siendo un ejemplo único de planificación arquitectónica mediterránea. Sus calles empedradas, plazas con cipreses y fachadas blancas o ocre transmiten una serenidad difícil de encontrar en otras zonas turísticas. Aquí se ubica también el mítico Hostal de la Gavina, uno de los hoteles más emblemáticos de España.

El Nido del Glamour: La Leyenda de La Gavina
Si Senya Blanca fue el modelo y el origen, el Hostal de La Gavina se convirtió en el faro y el símbolo internacional de S’Agaró. Inaugurado en 1932 con solo 11 habitaciones (hoy 74 y categoría 5 estrellas gran lujo), el hostal trascendió rápidamente su función de alojamiento para convertirse en un punto de encuentro de la élite mundial.

La fama de La Gavina y, por extensión, de S’Agaró, se disparó con el auge del turismo de lujo en la Costa Brava. Celebridades de Hollywood, mandatarios y premios Nobel encontraron en este enclave de diseño clásico y muros blancos un refugio de discreción y sofisticación. Figuras como Elizabeth Taylor (quien se alojó aquí para rodar De repente, el último verano en los años 50), Ava Gardner, Orson Welles y Robert de Niro han paseado por sus jardines, consolidando su reputación como el nido del glamour en el Mediterráneo catalán.

Cultura, gastronomía y estilo de vida
S’Agaró se extiende sobre una colina rocosa y granítica, un terreno que Masó supo transformar en una especie de oasis respirable en medio de un litoral que, en muchos otros puntos, ha sucumbido al caos de bloques de cemento.
El núcleo, a pesar de estar rodeado por tierra por la expansión turística posterior y menos planificada, se mantiene fiel a su concepto de recinto cerrado. El acceso principal para vehículos está controlado, reservado a residentes y autorizados, lo que garantiza la privacidad y la tranquilidad que Ensesa buscaba. Sin embargo, el paseo peatonal por el conjunto y el Camino de Ronda está plenamente abierto, permitiendo a cualquier visitante disfrutar de esta obra de arte urbanística.

Aunque pequeño, S’Agaró ofrece una excelente selección de restaurantes y espacios gastronómicos que reflejan el carácter mediterráneo de la zona. Entre los más reconocidos se encuentran locales especializados en pescado fresco, arroces y cocina catalana de mercado, con productos del mar y de la huerta ampurdanesa.

El visitante puede disfrutar tanto de una cena gourmet en terrazas con vistas al mar como de un tapeo informal frente a la playa. Además, la cercanía con Sant Feliu de Guíxols amplía las opciones con su mercado municipal y su animada oferta cultural durante el verano.
En 2024, S’Agaró celebra su primer Centenario, conmemorando los cien años desde la construcción de Senya Blanca. Este hito no solo celebra una fecha, sino la supervivencia de un modelo. En palabras del escritor Josep Pla, uno de los grandes cronistas de la Costa Brava: «Sucede con S’Agaró el fenómeno natural, consecuencia de su concepción básica: cuanto más crece, más bello es el núcleo urbano. Y es que su concepción tiene muchas ventajas derivadas de las que se deducen siempre de la sustitución del capricho anárquico por la previsión y el cuidado.»

La vida en S’Agaró gira en torno al disfrute pausado: caminar, leer frente al mar, nadar al amanecer o recorrer los caminos entre pinos y buganvillas. Es el tipo de destino que enamora a quienes buscan desconectar sin artificios, rodeados de belleza y tranquilidad.

Festividades y tradiciones
Aunque su carácter es más residencial que popular, S’Agaró y su entorno celebran varias festividades destacables. En julio se celebra la Festa Major de Sant Feliu de Guíxols, con conciertos, fuegos artificiales y actividades familiares que atraen a vecinos de toda la comarca.

En verano, también tienen lugar los Jardins de Cap Roig y el Festival Internacional de la Porta Ferrada, dos eventos musicales de renombre que llenan la Costa Brava de cultura y arte.

Durante el resto del año, la calma domina el ambiente. Es en otoño y primavera cuando S’Agaró muestra su lado más auténtico, con temperaturas agradables y una luz dorada que realza cada rincón del paseo marítimo.

Qué hacer en los alrededores de S’Agaró
S’Agaró es un excelente punto de partida para explorar la Costa Brava central y algunos de los pueblos más pintorescos de Girona.
- Sant Feliu de Guíxols: con su impresionante monasterio, su paseo marítimo y el museo Carmen Thyssen, es una visita imprescindible.
- Platja d’Aro: ofrece vida nocturna, tiendas, restaurantes y un ambiente más animado, ideal para combinar relax y ocio.
- Begur y Calella de Palafrugell: al norte, son dos joyas costeras con calas, calles empedradas y un encanto marinero incomparable.
- Peratallada o Pals: tierra adentro, estos pueblos medievales son ideales para una excursión cultural entre murallas, plazas y talleres artesanales.
Además, los aficionados al deporte pueden practicar kayak, paddle surf, submarinismo o vela, mientras que los senderistas pueden recorrer los tramos del GR-92, que conecta todo el litoral mediterráneo catalán.

Descubre Girona
Si quieres explorar Girona, te dejamos más lugares que tenemos en el mapa, que puedes incluir en tu itinerario, par hacer tu visita más completa a la Costa Brava:
- Santa Cristina de Aro: un rincón entre montañas de la Costa Brava.
- Sa Tuna: una cala entre la naturaleza de la Costa Brava.
- Cassà de la Selva: villa muy arraigada a la cultura, a la música y al corcho.
- Pals: municipio medieval, considerado una de las joyas más bellas y mejor conservadas de la Costa Brava.
Consejos prácticos para visitar S’Agaró
- Cómo llegar: S’Agaró se encuentra a unos 100 km de Barcelona y 35 km de Girona. Se puede acceder por la carretera C-65 o mediante autobuses interurbanos desde ambas ciudades.
- Dónde alojarse: el Hostal de la Gavina es la opción más icónica, aunque existen hoteles boutique y apartamentos turísticos en las cercanías.
- Cuándo ir: los mejores meses para disfrutar del entorno son mayo, junio, septiembre y octubre, cuando el clima es ideal y el ambiente más tranquilo.
- Qué llevar: calzado cómodo para caminar el camino de ronda, protección solar, cámara de fotos y muchas ganas de desconectar.

S’Agaró: la Costa Brava más elegante y serena
Hoy, S’Agaró, declarado patrimonio en 1995 y ampliado en 2022 con un Plan Especial de Protección, sigue siendo una demostración palpable de que la intervención humana puede ser planificada con acierto, previsión de futuro y profundo respeto por el paisaje. Es una joya arquitectónica que se mantiene viva y sin ruinas, un testimonio atemporal del ideal noucentista frente a la inmensidad del Mediterráneo.


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