La Gineta, Albacete: esencia manchega entre historia, tradición y paisaje
A tan solo dieciocho kilómetros de la ciudad de Albacete, en pleno corazón de la Mancha Alta, se levanta La Gineta, una localidad que encarna como pocas la esencia manchega. Campos infinitos, una historia vinculada al Camino Real y al Júcar, un templo gótico que sorprende por su monumentalidad y un legado artesanal que convirtió al pueblo en referente nacional en la fabricación de sillas. Todo ello hace de La Gineta una parada obligada para quienes buscan conocer el alma de esta tierra, donde tradición y hospitalidad se entrelazan en cada calle.


Un enclave entre la llanura manchega y el río Júcar
La Gineta se asienta en una llanura donde, hace millones de años, el río Júcar tomó una decisión geológica que cambió el mapa de España, fenómeno conocido como «codo de captura». Asentado en un territorio eminentemente llano, a unos 690 metros sobre el nivel del mar, muy cerca del antiguo cauce del río Júcar. Este paisaje abierto y luminoso, tan característico de la Mancha, se ve suavemente ondulado por la depresión que provoca el curso fluvial, formando un entorno fértil donde la agricultura siempre ha sido motor de vida.

La geología del entorno tiene también su interés. El antiguo valle del Júcar, visible desde la autovía, conserva la huella de un pasado geológico singular: hace millones de años, una desviación natural del río provocó que sus aguas dejaran de fluir hacia el Atlántico (a través del Guadiana) y se encaminaran al Mar Mediterráneo. Este fenómeno, conocido como “codo de captura”, modeló el relieve de la zona y dio lugar a una cuenca de gran valor natural e histórico.

Su ubicación no es casual: desde antiguo, La Gineta fue un punto de paso en el Camino Real y en rutas que unían el centro peninsular con el Levante. Hoy continúa siendo un enclave estratégico, atravesado por la autovía A-31, que conecta Madrid con Alicante, y por la carretera CM-220, que lleva hacia Cuenca. Esta posición privilegiada ha permitido su desarrollo económico y una constante conexión con los grandes ejes de comunicación del sureste español.
De fundación medieval a villa independiente
La historia de La Gineta se remonta al siglo XIV, cuando fue fundada por el infante Don Juan Manuel en 1337. Durante siglos estuvo vinculada a Albacete, pero con el paso del tiempo logró su autonomía municipal en el siglo XVI, consolidándose como una villa con entidad propia. Su nombre aparece ya en documentos históricos de la época, reflejando la importancia del enclave como punto de paso y lugar de encuentro entre viajeros, comerciantes y campesinos.

Durante el Antiguo Régimen, La Gineta formaba parte del Reino de Murcia, y dentro de él, del Partido de Albacete. En el Nomenclátor de Floridablanca de 1789 aparece registrada como villa de jurisdicción real, lo que refleja su peso administrativo y económico dentro de la comarca.

La localidad también sufrió los avatares de la historia. Durante la Guerra de la Independencia, en 1811, las tropas francesas realizaron redadas en el pueblo, requisando alimentos y caballerías. Más adelante, durante las Guerras Carlistas, La Gineta fue ocupada temporalmente por las tropas del general Santés, que impusieron una fuerte contribución económica a sus vecinos. Aun así, el carácter laborioso de sus ginetenses permitió que la villa se recuperara pronto de aquellas crisis, reafirmando su identidad rural y su vocación de progreso.
La industria que nació de las manos: el arte de la silla
Aunque la agricultura fue durante siglos el pilar económico del municipio, a mediados del siglo XX La Gineta vivió una auténtica transformación gracias a la industria de la madera y la fabricación de sillas. Todo comenzó con pequeños talleres familiares y el talento de artesanos que sabían trabajar la anea, el esparto y la madera con maestría.

Uno de los nombres fundamentales fue el del empresario Juan García Rausell, originario de Ollería, que trasladó su experiencia y conocimientos a La Gineta. A partir de entonces, el pueblo se convirtió en referente nacional en la producción de sillas, especialmente las tradicionales sillas de anea, tan presentes en las casas, tabernas y patios de toda España.

La palabra “ensoguear”, que alude al arte de trenzar las hojas de anea para confeccionar los asientos, forma parte del vocabulario local y de la memoria colectiva del país. Aunque la fabricación artesanal ha ido disminuyendo, el prestigio de aquellas sillas ginetenses perdura, y el municipio sigue vinculado a la elaboración de muebles rústicos y provenzales.

Hoy, varios polígonos industriales como Torobizco o Garysol albergan empresas de distintos sectores, reflejo de la diversificación económica lograda en las últimas décadas. La combinación entre tradición artesanal y espíritu emprendedor define a una comunidad que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia.
El corazón de La Gineta: la Iglesia de San Martín de Tours
Si hay un edificio que define el perfil de La Gineta, ese es sin duda la Iglesia Parroquial de San Martín de Tours. Su esbelta torre de 46 metros se alza sobre el horizonte manchego y es visible desde varios kilómetros a la redonda. Construida a comienzos del siglo XVI, es una joya del gótico tardío con elementos renacentistas, considerada por muchos como “la joya del gótico helecoidal de La Mancha”.

El templo tiene una nave única dividida en cuatro tramos y una cabecera cuadrada. En su interior, los pilares adosados helicoidales y las bóvedas de crucería estrellada crean un juego visual impresionante, con claves talladas que reflejan el virtuosismo de los canteros de la época. En las zonas centrales del templo, los combados curvos y los conopios revelan la transición hacia el renacimiento, logrando un equilibrio entre la sobriedad castellana y la fantasía decorativa propia de finales del gótico.

La portada principal, datada en torno a 1550, es obra del maestro Jerónimo Quijano, aunque algunos estudiosos la atribuyen al genial Andrés de Vandelvira. Se compone de columnas corintias, un frontón triangular y un arco de medio punto decorado con motivos grutescos, formando una de las portadas renacentistas más bellas de la provincia.

La torre, construida en sillarejo y reforzada con sillares en las esquinas, está dividida en cuatro cuerpos. Su remate con belvedere octogonal y barandilla de piedra, añadido en el siglo XVIII, aporta un toque elegante y distintivo. En lo alto se encuentra el reloj, símbolo del paso del tiempo en la vida de los ginetenses.

Del antiguo retablo barroco del siglo XVII, obra de Juan Sánchez Cordobés, se conserva la imagen del Cristo de la Buena Muerte, junto a varios lienzos del cuerpo superior. En una reciente restauración se descubrieron murales góticos, entre ellos una representación de La Última Cena, aunque muy deteriorada por el paso de los siglos.

El Museo Etnográfico y la memoria del pueblo
Para quienes deseen profundizar en la identidad local, una visita imprescindible es la del Museo Etnográfico de La Gineta, inaugurado en 2004. Este espacio recoge herramientas agrícolas, objetos domésticos, utensilios artesanales y documentos históricos que relatan cómo era la vida cotidiana en la villa en los siglos pasados. Es también un homenaje a las generaciones que levantaron el pueblo con esfuerzo y creatividad.

El museo constituye, además, una excelente introducción para comprender la importancia del trabajo manual, del campo y de las tradiciones en el desarrollo de la comunidad. Un recorrido por sus salas permite comprender la evolución de La Gineta desde su fundación medieval hasta su consolidación moderna.

Naturaleza y Camino de Santiago: la Gineta en el Camino de Levante
Más allá del patrimonio histórico, La Gineta ofrece al visitante un entorno natural que invita a la calma. El municipio se encuentra dentro del Camino de Santiago de Levante, una de las rutas jacobeas menos transitadas y más auténticas, que une Valencia con Zamora y conecta allí con la Vía de la Plata.

El tramo que atraviesa La Gineta proviene de Albacete capital y continúa hacia La Roda, permitiendo al peregrino disfrutar de paisajes rurales, campos de cereal y horizontes abiertos donde el silencio y la luz definen el alma manchega. Este itinerario no solo aporta riqueza cultural y espiritual, sino que también se ha convertido en un recurso turístico sostenible que refuerza la identidad del territorio.

Para quienes buscan una excursión al aire libre, el entorno natural de Pozo Rubio es otra parada recomendada. Se trata de un área de recreo acondicionada con merenderos, zonas de juegos infantiles y espacios para romerías, donde se celebran convivencias y fiestas populares en un ambiente familiar. Un lugar ideal para disfrutar del paisaje manchego en su máxima expresión.
Fiestas, tradiciones y vida local
La vida social de La Gineta gira en torno a sus fiestas patronales y religiosas, que llenan las calles de color, música y tradición.
- San Isidro Labrador, el 15 de mayo, se celebra con una romería al aire libre, donde los vecinos decoran tractores y carretas, y comparten comidas populares en el campo.
- Las Fiestas de la Virgen del Buen Suceso, a comienzos de mayo, son otro de los momentos más esperados del año, con actividades culturales, procesiones, música y verbenas.
- En septiembre, del 13 al 15, tienen lugar las Fiestas del Cristo de la Misericordia, las más importantes del calendario local, donde no faltan las alfombras de serrín que los vecinos elaboran con mimo frente al Ayuntamiento y en calles como Sahuquillo o Lope de Vega, creando un espectáculo visual digno de admirar.
- Por último, el 11 de noviembre, se celebra la festividad de San Martín de Tours, patrón de la localidad. Aunque la parte festiva ha disminuido con los años, se mantiene la misa en su honor y la devoción popular sigue intacta.
A todo ello se suman los Carnavales, las celebraciones de Semana Santa y otras tradiciones locales que refuerzan el sentido de comunidad y mantienen vivas las raíces del pueblo.

Patrimonio vivo y rutas cercanas
Pasear por las calles de La Gineta es descubrir pequeñas joyas ocultas en cada esquina. En el casco histórico todavía se conservan escudos heráldicos en antiguas fachadas y restos de arquitectura popular manchega. No muy lejos del núcleo urbano se han hallado fragmentos de una antigua calzada romana, testimonio del paso de civilizaciones que aprovecharon esta ruta natural entre la Meseta y el Mediterráneo.
Su cercanía con Albacete permite combinar la visita con otros destinos de interés como La Roda, Fuensanta o Montalvos, localidades que comparten el mismo carácter manchego y una notable riqueza patrimonial. Además, la comarca de la Mancha del Júcar ofrece paisajes agrícolas, pueblos tranquilos y una hospitalidad sencilla que convierte cada parada en una experiencia genuina.

Complementa tu ruta en Albacete
Si vas a visitar Albacete, no dudes en perderte en otros destinos que tenemos en el mapa:
- Bogarra: Pueblo para bucar desconexión, autenticidad y belleza natural en su estado más puro.
- Chinchilla de Montearagón: villa, declarada Conjunto Histórico Artístico, que fue capital antes que Albacete.
- Nerpio: Joya escondida que sorprende por su patrimonio arqueológico y su riqueza natural.
- Letur: Denominado «el pueblo del agua», conserva el trazado medieval mejor preservado de toda la provincia.
Sabores de La Gineta
Como buena tierra manchega, La Gineta también seduce por el paladar. En sus bares y restaurantes se pueden degustar platos tradicionales como el gazpacho manchego, las migas ruleras, el atascaburras, el ajo pringue o los guisos de caza, acompañados de los excelentes vinos de la zona. No faltan los embutidos caseros, el queso manchego y los dulces típicos elaborados por manos artesanas.

La gastronomía local mantiene el espíritu de la cocina campesina: sencilla, nutritiva y basada en productos de la tierra. Degustarla después de un paseo por sus calles o una jornada en el Camino de Santiago es una forma deliciosa de completar la experiencia.
Un rincón con alma manchega
La Gineta no es solo un nombre en el mapa. Es la suma de siglos de historia, de generaciones que han sabido construir un lugar donde el tiempo parece transcurrir más despacio. Es el rumor del viento entre los campos, el repique de la campana de San Martín, el olor a anea y madera recién trabajada, la voz del vecino que saluda al pasar.
Quien se acerque a este rincón de Albacete descubrirá que, detrás de su aparente sencillez, se esconde un pueblo lleno de carácter, donde cada piedra, cada tradición y cada sonrisa hablan del alma de La Mancha.

Créditos Fotográficos
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